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 Soy de Krypton

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HAISHA
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MensajeTema: Soy de Krypton   Sáb Feb 14, 2009 9:36 pm

A mi en lo personal me gusta Obama, como triunfador en los comicios norteamericanos, Mc Cain, se me hace mas de lo mismo. Pero habria que ver, si realmente el racismo soterrado y no tanto que se practica en nuestro vecino, hace que las manitas de los americanos voten por el.

Pero ¿que creen? lean con atencion, el ultimo parrafo de esta nota, y podrian preguntarse lo mismo que yo. ¿Las Elbas, se globalizan?

“Soy de Kryptón”


Sábado 18 de octubre de 2008



WASHINGTON.— Para John McCain fue la oportunidad de agradecer el apoyo inconfeso de Hillary Clinton a su candidatura y para anunciar la designación de “Joe el plomero” como el hombre que llegará al rescate de su tambaleante campaña. Para Barack Obama se trató de la ocasión propicia para desnudar su alma y desvelar sus verdaderos orígenes: “Nací en el planeta Kryptón y me envió mi padre Jor-El para salvar el planeta Tierra”.
“Y como muchos saben, mi nombre Barack viene de mi padre; lo que no saben es que Barack es la palabra que se utiliza en el idioma Swahili para decir “éste”, dijo el candidato demócrata a la Presidencia de EU, mientras McCain le aplaudía por la ocurrencia, que evocó uno de los momentos más tensos del segundo debate presidencial, cuando el republicano trató deningunear a Obama llamándole “éste”.

Por primera vez desde el inicio de una aguerrida campaña, los candidatos demócrata y republicano se dieron la noche del jueves un momento de tregua. El escenario elegido: los fastuosos salones del Hotel Waldorf Astoria en Nueva York, durante la tradicional cena de gala de la Fundación Alfred E. Smith, donde no faltó el fulgor de los cubiertos de plata y un menú bañado con vino francés y la obligada champaña. “Es un honor estar con Al Smith (bisnieto). Nunca conocí a tu tararabuelo, pero por lo que me ha contado el senador McCain, los dos pasaron muy buenos momentos antes de la Prohibición”, dijo Obama, aludiendo a la edad de su rival.

“¡Caray, esto se parece mucho a un encuentro de ejecutivos de la AIG!”, soltó Obama en alusión a las cenas y los festejos que protagonizaron recientemente los ejecutivos de la aseguradora AIG en un lujoso Hotel de California, nada más enterarse del plan de rescate que los salvaría de la bancarrota.

En un encuentro dominado por fracs, corbatas blancas y perfumes de tabaco y lavanda, los candidatos demócrata y republicano dejaron de lado el hacha de guerra para enzarzarse en un ingenioso duelo de frases punzantes y grandilocuentes.

“Es verdad, lo acepto. Tal y como John McCain lo ha sugerido, durante una parte de mi vida he confraternizado con una pandilla no muy recomendable de buenos para nada, malvivientes y gamberros sin remordimientos. He sido miembro del Senado de Estados Unidos”, dijo Obama entre las risas complacientes de quienes entendieron el dardo dirigido contra McCain y sus empeños por vincularle a Bill Ayers, un terrorista de la década de los 60.

Poco antes, McCain hizo alarde de su legendario sentido del humor, para reconocer que la pérdida de terreno en las encuestas le habían obligado a tomar medidas drásticas: “Es verdad, he decidido despedir a una buena parte de los estrategas de mi campaña. Sus posiciones serán ocupadas de ahora en adelante por Joe el plomero”, dijo el republicano refiriéndose al pequeño empresario de Ohio que él mismo convirtió en una sensación política tras mencionarlo durante el debate del miércoles.

Finalmente, McCain agradeció el apoyo de algunos de los asistentes que, aseguró, “tengo la sospecha que me apoyan en secreto”, tras lo cual agradeció la presencia de Hillary Clinton, la candidata fallida del partido demócrata que nunca ha ocultado su amistad con McCain, mientras la prensa ha explotado los rumores de sus alianzas inconfesas.
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:37 pm

El punto débil de Obama
Por Andrés Oppenheimer

La pregunta más importante que se planteó en el último debate presidencial de Estados Unidos pasó casi inadvertida: si el demócrata Barack Obama cerraría el mercado norteamericano, provocando una guerra comercial y una depresión mundial

¿Fue una acusación justa por parte del candidato republicano John McCain? ¿O fue el golpe bajo de un político desesperado que se ha quedado atrás en las encuestas, y está buscando desacreditar a su rival?

El tema se planteó en el centro del debate, cuando McCain atacó a su rival por no respaldar el acuerdo de libre comercio de Estados Unidos con Colombia, y por estar pidiendo una renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá (NAFTA).

"Creo que no hay ninguna duda de que el senador Obama quiere restringir el comercio, y que quiere aumentar los impuestos", dijo McCain. "El último Presidente de Estados Unidos que hizo eso fue Herbert Hoover, y pasamos de una profunda recesión a una depresión económica".

Obama respondió que "creo en el libre comercio", pero agregó que no todos los acuerdos de libre comercio son buenos. Dijo que se opone al acuerdo con Colombia por los asesinatos de sindicalistas en ese país, y que quiere revisar el NAFTA porque objeta la falta de cláusulas laborales y ambientales adecuadas en ese acuerdo.

Pero, por otra parte, dijo que: "He apoyado el tratado de libre comercio con Perú, porque era un acuerdo bien estructurado".

Los partidarios de McCain dicen que Obama ha adoptado la agenda anti-libre comercio de los sindicatos estadounidenses, que quieren proteger a sus miembros contra la competencia extranjera. Los anuncios televisivos de Obama que afirman que las políticas propuestas por McCain "se llevan los empleos al extranjero" reflejan su verdadero pensamiento, dicen los republicanos.

Y señalan que la afirmación de Obama de haber "apoyado" el acuerdo de libre comercio con Perú es engañosa, porque en realidad Obama no votó. Los colaboradores de Obama responden que su candidato no votó porque ese día participaba de un debate en Iowa, pero que Obama apoyó públicamente el acuerdo en ese momento.

Si Obama es un proteccionista encubierto, como alega McCain, eso implicaría enormes riesgos para la economía global.

La Gran Depresión de la década de 1930 fue provocada por el colapso de la bolsa en 1929, pero se convirtió en una depresión global después de que Estados Unidos aprobó la Ley Smoot-Hawley el 7 de junio de 1930, que aumentó las tarifas aduaneras a las importaciones en casi un 50 por ciento.

Los aumentos tarifarios pretendían ayudar a las empresas y generar empleos en el país. Sin embargo, otros países respondieron aumentando sus propias tarifas aduaneras, el comercio internacional cayó 33 por ciento en el curso de los tres años siguientes, las exportaciones estadounidenses se derrumbaron, y el desempleo en Estados Unidos subió a niveles sin precedente.

La lección es clara: adoptar medidas proteccionistas en medio de una recesión es jugar con fuego, según dicen los partidarios de McCain, y no pocos de los del propio Obama.

Mi opinión: No creo que Obama sea un proteccionista. Las dos veces que lo entrevisté casi saltó de su silla cuando le pregunté si está en contra del libre comercio. Como Bill Clinton antes que él, Obama probablemente adoptaría una postura más pro libre comercio una vez que haya asumido la Presidencia.

Lo que me preocupa es si Obama tendrá la voluntad política de ir en contra de la creciente tendencia proteccionista del país. Una nueva encuesta Zogby revela que 59 por ciento de los estadounidenses están a favor de revisar el NAFTA o de retirarse del acuerdo.

Y me pregunto si Obama invertirá su capital político en persuadir a un Congreso controlado por los demócratas de que es necesario apoyar el libre comercio.

Los encuestadores pronostican que los demócratas controlarán ampliamente el Congreso, y que incluso podrían conseguir una mayoría de 60 bancas en el Senado. 23 de las 35 bancas del Senado que se renovarán en las elecciones están ocupadas por republicanos mayoritariamente pro libre comercio, y muchos de ellos serán reemplazados por demócratas escépticos sobre el libre comercio.

Es cierto que una victoria arrolladora de Obama le daría un mandato para persuadir al Congreso de apoyar tratados comerciales. Pero si Obama gana por un pequeño margen, con un Congreso más proteccionista y en medio de un creciente sentimiento aislacionista, la historia puede ser otra.

Debo confesar que me gustan casi todas las posturas de Obama, pero en ésta debería demostrar más dotes de estadista. Si el próximo Presidente no abraza la causa del libre comercio con entusiasmo, existirá el peligro de que Estados Unidos cierre sus fronteras a productos extranjeros, perjudicando aún más a la economía mundial -y a sí mismo-.
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:38 pm

Presidente Obama

Por Carlos Fuentes

Todo parece indicar que el próximo presidente de los Estados Unidos de América será el hoy candidato del Partido Demócrata, el senador por Illinois, Barack Obama.

Los sondeos de opinión le dan la victoria por un buen margen. Los "bookies" -los apostadores profesionales- han dejado de tomar apuestas contra Obama. Estados de tradición republicana lo apoyan. La campaña del Partido Republicano se deshebra en errores. Sarah Palin, la candidata republicana a la vice-presidencia, inspira lástima antes de provocar terror. Esta persona, separada por un latido de corazón de la presidencia, podría convertirse en jefe del gobierno norteamericano. Traería con ella un caudal asombroso de ignorancia y contradicciones. La semana pasada, Palin abogó, al mismo tiempo, por la abolición de impuestos y el aumento del gasto militar pagado por los impuestos. Y sus credenciales internacionales se fincan, según ella misma, en que desde Alaska se puede ver la costa de Rusia.

Peor es el caso del candidato John McCain. Respetado por su independencia en el Senado, McCain ha sacrificado su prestigio para ganar el voto ultra-conservador, sacrificando el que asegura la victoria: el voto independiente. Ubicado en una incómoda postura que no es la suya, McCain ha debido renunciar a posiciones positivas (por ejemplo, la Ley Kennedy-McCain sobre el trabajo migratorio) a favor de posiciones extremistas que le han dado alas a los buitres racistas y a la ignorancia agresiva. En los mítines de McCain, se llama a Obama "socialista", "árabe", "musulmán", al grado de que el propio McCain se ve obligado a defender a Obama, antes de enfrentarlo en la televisión con huecos ataques sobre supuestas -e infundadas- intimidades políticas del demócrata con predicadores delirantes y terroristas domesticados. Hueco discurso, banal ataque de un hombre, McCain, que ha acabado por demostrar su falta de serenidad, y su precipitación peligrosa, en todo tema, de la belicosidad militar a la selección de Sarah Palin a la satanización de un aliado, la España de Zapatero.

Obama, en los debates televisados, observa las agitaciones de McCain con una sonrisa benévola y le contesta con ironías sutiles. Es como ver en la misma mesa a una gelatina (McCain) y una manzana (Obama). Pero votar por la manzana provoca un miedo no dicho entre muchos electores que no son racistas pero justifican un voto contra Obama porque es "muy joven" (más lo era Kennedy), "carece de experiencia" (menos tenía Lincoln) y porque es "elitista" (aunque haya renunciado a una carrera privilegiada de joven abogado egresado de Harvard para convertirse en trabajador social en Chicago).

Ahora bien, sea Obama, sea McCain, el próximo presidente norteamericano se enfrenta a una agenda muy difícil, la más difícil desde que Franklin Roosevelt asumió la presidencia, en medio de la crisis económica, en 1932. La ideología de Bush -que el mercado se maneje solo, con la menor vigilancia del estado- ha conducido a una catástrofe de tal dimensión que hoy, el estado se ve obligado a asumir la rectoría de la economía y la propiedad de los bancos. La re-capitalización bancaria ordenada por Bush asciende a doscientos cincuenta mil millones de dólares.

El próximo presidente habrá de incrementar el papel económico del estado, aumentar impuestos, agrandar el gasto público y aplicar políticas redistributivas en gran escala. Crece el desempleo. Desciende el ingreso. Y se manifestará, dramáticamente, el abismo entre los que tienen y los que no tienen. La clase media derivará hacia una mayor pobreza. Crecerá el resentimiento entre quienes con dificultad pagan universidad y salud contra quienes cuentan, en el mundo financiero, con prebendas millonarias y "paracaídas dorados". Y muchos universitarios dejarán las aulas para ingresar al desempleo. Muchos alumnos míos, que hace poco salían de la universidad para ir a Wall Street y los grandes salarios, hoy regresan al profesorado y las profesiones, si les va bien.

Yo no desestimo la capacidad de trabajo y recuperación de la sociedad norteamericana. Pero la inversión habrá de dirigirse, lejos de la especulación, a modernizar la ruinosa infraestructura del país. El visitante se asombra del deterioro de presas, ferrocarriles, urbanismo, escuelas... para no hablar de las limitaciones de la seguridad social y la protección a la salud, sobre todo en comparación con Europa.

Esbozo apenas la agenda urgente que aguarda al próximo presidente norteamericano. Toca al electorado decidir quién está más preparado para atenderla. McCain, que espera la salud desde arriba, u Obama, que prefiere construir desde abajo.

Se dice y repite que todos los ciudadanos del mundo debíamos tener derecho a votar en la elección del presidente de los EE.UU., pues, sea quien sea, sus decisiones afectarán nuestras vidas.

Pero acaso sólo un extranjero tiene el poder para afectar la elección. Se llama Osama bin Laden. Un acto terrorista de su parte podría cambiar el título de este artículo. Pues lo que menos quiere Osama es un Obama que lo prive de argumentos.
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:38 pm

Capitalismo con rostro humano
Por Sergio Muñoz Bata

Sin siquiera parpadear, este fin de semana John McCain volvió a desbocarse en su afán por asustar a los votantes estadounidenses y acusó a Barack Obama de querer implantar el socialismo en Estados Unidos

Sin entrar aquí en una discusión sobre las virtudes o los vicios de los distintos tipos de socialismo que existen en el mundo, lo evidente es que con su acusación, McCain quiere engañar a los votantes pintando como catastrófico el posible triunfo de su contrincante.

Lo interesante, sin embargo, es que en el lenguaje que utiliza hay una admisión tácita de que si, como vaticinan las encuestas, Obama gana la presidencia de forma abrumadora, y el Partido Demócrata aumenta su mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, el país habrá superado finalmente la llamada Era de Reagan. Es decir que, el sistema político norteamericano que mantuvo a la derecha en el poder por casi tres décadas y que le permitió dictar los términos del discurso político nacional sin confrontación efectiva ni cuestionamiento profundo, habrá terminado.

Para entender la trascendencia del cambio histórico que representaría el triunfo de Obama es imprescindible enmarcarlo en su contexto histórico y relacionarlo a las dos grandes transformaciones políticas que el país experimentó en el siglo 20.



La era de Roosevelt

La época que va de la Gran Depresión en los años 30 hasta fines de los 70, se distingue por el fortalecimiento del papel rector del Estado en la economía. Su paladín es Franklin Delano Roosevelt, un aristócrata defensor de la economía de libre mercado que crea el "New Deal" y saca al país del quebranto financiero; combate el desempleo con programas masivos de obras públicas; crea el Estado de Bienestar; establece el sistema de jubilación financiado con los aportes de trabajadores, patronos y Estado e instaura el salario mínimo con carácter obligatorio. En los 60 Lyndon B. Johnson promulga leyes que establecen igualdad de derechos para todas las razas y declara la "Guerra Contra la Pobreza"; un ambicioso programa de política social que reduce la pobreza y la desigualdad e incluye programas de viviendas, de alimentación, de ayuda a madres solteras, de asistencia a los niños y de servicios médicos para los pobres.

La supremacía del modelo implantado por Roosevelt se sostiene, sin mayores alteraciones, durante las administraciones republicanas de Dwight Eisenhower y Richard Nixon y no es sino hasta que Ronald Reagan gana la presidencia en 1980 cuando el panorama político nacional cambia radicalmente.



La era de Reagan

Reagan parte del supuesto de que "el Gobierno no es la solución sino el problema" y emprende una cruzada para eliminar la regulación del sector privado. Recorta los impuestos argumentando que así se estimula el consumo, el ahorro, la inversión, el crecimiento económico y la generación de empleo. Al mismo tiempo reduce programas sociales que, a su entender, estimulaban a la gente a vivir del dinero de las ayudas del Estado sin trabajar. Su "Revolución Conservadora" hace más ricos a los ricos pero acentúa las desigualdades sociales, dejando fuera del avance económico a las clases menos pudientes. Además, durante su administración la deuda pública alcanza su récord histórico.

En esos ocho años, Estados Unidos pasó de ser el mayor acreedor del mundo a ser el mayor deudor.



La era de Obama

Para el siglo 21, si se cumplen las predicciones de las encuestas, la era de Obama cambiaría el paradigma político actual.

Para lograr sus metas, se ha planteado investigar la forma como operan las industrias que ofrecen sus servicios al público, como por ejemplo las de telecomunicaciones, financiamiento, biotecnología y farmacéuticas, con el fin de reforzar los controles existentes o reimplantar las regulaciones eliminadas por Gobiernos complacientes que facilitaron el abuso.

Del extenso programa de reformas y cambios que propone me limito a exponer como muestra las ideas principales de su política en el campo del cuidado de la salud. Obama piensa que todos los estadounidenses tienen derecho a recibir atención médica a un costo razonable. Para lograrlo, será necesario dialogar con los grandes negocios para que ofrezcan seguro médico a sus empleados o contribuyan a pagar su costo. Y para quienes no tienen la suerte de tener trabajos fijos con seguro médico, el Estado proveerá los subsidios para que se atienda a los más pobres y ofrecerá cobertura obligatoria gratuita para todos los niños.

¿Socialismo? Yo no lo veo así. Lo que Obama propone es una nueva forma de capitalismo con rostro humano que parte del respeto a los valores universales, plantea un reforzamiento adecuado del papel del Gobierno Federal como defensor del bien público y establece como propósito irreversible crear mayores oportunidades para quienes no las han tenido nunca.
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:39 pm

Barack Obama en español
Por Andrés Oppenheimer

No sé si el senador Barack Obama será un buen Presidente si resulta electo el próximo martes. Pero después de ver su reciente anuncio televisivo en español, estoy más convencido de que si no lo logra, debería ir directamente a Hollywood

Si no vieron el aviso, se los recomiendo. Es sorprendente. En él, Obama le habla a la cámara en un español aparentemente fluido, con una pronunciación asombrosamente buena y trata a la audiencia de "tú", con la mayor familiaridad. Un logro notable, considerando que Obama no habla una jota de español.

"Compartimos un sueño: que trabajando duro tu familia puede triunfar. Este es el sueño americano. Te pido tu voto. No sólo para mí y los demócratas, sino para mantener este sueño vivo para ti y para tus hijos'", dice Obama en el anuncio.

Según me dicen colaboradores de Obama, el candidato demócrata grabó el aviso en una sola sesión, que duró menos de dos horas, durante una escala de la campaña en Asheville, Carolina del Norte. Un colaborador del candidato me dijo: "Es muy bueno para vocalizar. Si le das un texto en chino, en media hora te está hablando en chino".

A principios de esta semana, los asesores de la campaña de Obama le dijeron a la corresponsal política de The Miami Herald, Casey Woods, que, aunque Obama no habla fluidamente en español, sí puede entenderlo y que aprendió a hacerlo durante sus días de líder comunitario en Chicago. Es una visión algo generosa: en una entrevista que le hice hace unos meses, el propio Obama me dijo que no habla español y que nunca ha visitado un país latinoamericano hispanohablante.

El aviso, parte del esfuerzo publicitario de 20 millones de dólares de la campaña de Obama para captar el voto hispano, sale al aire en emisoras en español de las cadenas de televisión de ciudades tales como Miami, Orlando, Las Vegas y Denver. Será muy importante el día de las lecciones porque la elección puede decidirse en Florida, Nevada, Colorado y otros estados indecisos en los que la población hispana ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años, según afirman los colaboradores de Obama.

Según encuestadores del Partido demócrata, aunque las últimas encuestas le asignan a Obama el 65 por ciento del voto hispano a nivel nacional, el nuevo aviso sobre el "sueño americano" puede hacer crecer esa cifra hasta el 70 por ciento, un porcentaje significativamente superior al 59 por ciento del voto hispano que logró el candidato demócrata John Kerry en el 2004.

"Obama conseguirá uno de los porcentajes más altos del voto hispano a nivel nacional de toda la historia política de Estados Unidos", me dijo el encuestador demócrata Sergio Bendixen.

La campaña del candidato republicano, el senador John McCain, dice que al anuncio en español de Obama es tramposo porque sugiere que Obama habla perfectamente el español.

"Es engañar a la gente. Es como simular algo que tú no eres", me señaló la vocera de la campaña de McCain, Hessy Fernández. "Es un ejemplo más de la hipocresía y la arrogancia del senador Obama. Lo que este anuncio deja claro es que es capaz de hacer o decir cualquier cosa para llegar a ser presidente".

Fernández agregó: "Cuando tú miras los antecedentes de ambos candidatos, Obama tiene un comercial y John McCain tiene un récord con la comunidad latina".

Edward Wasserman, un profesor de ética periodística en la Universidad Washington & Lee, me dijo que aunque pocos objetarían que un político estadounidense hiciera un humilde esfuerzo por comunicarse en español con los votantes hispanos, el problema de la actuación de Obama es que está tan bien hecha que muchos hispanos van a decir: "Hey, es uno de los nuestros".

"No llega a ser un engaño, pero me hace sentir incómodo", dijo Wasserman. "Nos induce a creer que Obama habla perfectamente español y que goza de una cercanía cultural con los hispanos que probablemente no existe".

Mi opinión: Por supuesto que el aviso es engañoso. Pero convengamos que el aviso en español de la campaña de McCain, en el que una voz no identificada sugiere que Obama es un aliado del Presidente venezolano Hugo Chávez tampoco es exactamente un modelo de veracidad.

Lo que sí resulta claro es que, si Obama es electo, tendremos un Presidente que -además de todas sus otras virtudes- es un gran actor. Eso puede ser buenísimo, en el sentido de que los muy buenos Presidentes tienden a ser muy buenos actores. Pero también puede ser peligroso porque, cuando son tan buenos artistas, nadie sabe cuándo están actuando y cuándo no.
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:40 pm

¿Qué pasará si gana Barack Obama?
Por Andrés Oppenheimer

Si las encuestas están en lo correcto y el candidato demócrata Barack Obama gana las elecciones de Estados Unidos, he aquí dos posibles escenarios de lo que podría ocurrir con su Gobierno. Los invito a que decidan cuál de las dos proyecciones es la más probable. EU suele funcionar mejor cuando su Presidente tiene un Congreso opositor. Un Gobierno de Obama no sería la excepción

La perspectiva optimista: Después de recibir un llamado de felicitación de su rival republicano John McCain en la madrugada del miércoles 5 de noviembre, Obama aparece en la televisión nacional rodeado de un equipo de superestrellas económicas y políticas.

Con el billonario Warren Buffet, el ex director de la Reserva Federal Paul Volcker, los ex Secretarios del Tesoro Bob Rubin y Larry Summers y el ex Secretario de Estado Colin Powell parados detrás de él, Obama pronuncia un discurso ultraconciliador.

Luciendo feliz pero sereno, Obama dice que su Gobierno producirá "un cambio real y duradero", y anuncia que reclutará a republicanos prominentes porque "estamos enfrentando una monumental crisis económica que requerirá un supremo esfuerzo de unidad".

Un nuevo viento de optimismo sopla de inmediato en el país, y en el mundo. La elección del primer Presidente negro de la historia de Estados Unidos es interpretada como una prueba de que el sueño americano aún sigue vivo. Los expertos estadounidenses en política predicen una luna de miel en las relaciones exteriores, señalando que a muchos países islámicos o latinoamericanos les resultará muy difícil acusar a Obama de explotador imperialista del mundo en desarrollo.

A medida que transcurre la semana próxima, el optimismo crece cuando los periódicos informan que es probable que Obama designe al senador republicano Richard Lugar como Secretario de Estado, o a su colega -también republicano- Chuck Hagel como Secretario de Defensa.

Fuentes del equipo de transición de Obama señalan que si Obama elige a Hagel, es probable que designe al Gobernador de Nuevo México y ex Embajador ante la ONU, Bill Richardson, como Secretario de Estado, lo que lo convertiría en el primer hispano en ocupar ese puesto. En Latinoamérica, muchos funcionarios celebran la posibilidad de que Richardson, que habla fluidamente español y que se siente como en su casa en la región, sea el nuevo jefe de la diplomacia estadounidense.

Las señales que emite el equipo de Obama aumentan la confianza de los consumidores norteamericanos, que hacen más compras navideñas de lo esperado. El mercado de valores empieza a subir lentamente ante las expectativas de mayores beneficios corporativos. El país está esperanzado en que saldrá de la crisis económica y recuperará su deteriorada imagen en el exterior.

La perspectiva pesimista: Obama gana por una diferencia aplastante el martes, y su Partido Demócrata obtiene una mayoría de 60 bancas a prueba de obstrucciones en el Senado, que le permitirá a los demócratas controlar a voluntad la agenda legislativa.

Aunque el discurso conciliador de Obama tranquiliza a los mercados, el mundo corporativo empieza a inquietarse cuando aparecen reportes de prensa según los cuales -a raíz de la crisis económica- la nueva Administración se dispondría a aumentar los impuestos máximos más allá del 39.6 por ciento sugerido durante la campaña presidencial.

El nerviosismo de la comunidad empresarial empeora poco después, cuando ya se han escrutado todos los votos para el Congreso, y Nancy Pelosi, la demócrata que preside la Cámara de Representantes, anuncia eufórica que la aplastante victoria de Obama equivale a "un mandato para poner en práctica la totalidad de agenda demócrata".

Los empresarios están aterrados. Temen que el ala izquierda del Partido Demócrata tome las riendas del Gobierno, aprobando leyes que aumentan más de lo esperado los impuestos corporativos, una agenda antilibre comercio, y nuevas leyes que les darían enormes poderes a los grandes sindicatos.

Por primera vez en décadas, dicen los analistas de Wall Street, no hay un verdadero sistema de pesos y contrapesos en el Gobierno de Estados Unidos. El miedo generalizado a una agenda legislativa antiempresas y a un aumento potencialmente inflacionario del gasto público hace que la bolsa de valores sufra otra caída récord. Las compañías estadounidenses anuncian despidos en masa, el consumo cae dramáticamente, y la economía pasa de una recesión a una semidepresión.

Mi opinión: si Obama gana, gran parte de su éxito dependerá del margen por el que gana. Si es una victoria cómoda, pero no aplastante -digamos, si los demócratas obtienen en el Senado una mayoría de 56 bancas, pero no llegan a la todopoderosa mayoría de 60 bancas- es probable que se dé la perspectiva optimista. Si es una victoria aplastante con una mayoría demócrata absoluta en el Senado, habrá más posibilidades de que se dé la perspectiva pesimista.

Tal como se vio durante los Gobiernos de Reagan y Clinton, entre otros, Estados Unidos tiende a funcionar mejor cuando su Presidente tiene un Congreso opositor, y hay un equilibrio de fuerzas en Washington DC. El Gobierno de Obama no sería una excepción a la regla.
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:41 pm

El emisario
Por Denise Dresser

"El radicalismo de Barack Obama no se encuentra en sus posiciones políticas sino en su cara", escribe Mark Danner y acierta al afirmarlo.

El próximo presidente de Estados Unidos tendrá la piel negra y será electo a pesar de que su segundo nombre es Hussein.

El siguiente inquilino de la Casa Blanca será un mensajero del cambio que lo lleva a la Presidencia y del cambio que piensa empujar desde allí.

Representará la posibilidad de franquear la distancia entre el mundo como es y el mundo como debería ser.

Reflejará un radicalismo no sólo de color sino de surgimiento; de las condiciones que propician el ascenso increíble de un hombre improbable, en un país que se reconoce distinto. Barack Obama, un fenómeno político nacido de la guerra en Iraq y la debacle económica y la pérdida de credibilidad estadounidense en el mundo y las fotografías de Abu Ghraib y la erosión de la clase media y el sentimiento extendido de malestar.

Barack Obama, un hombre producto de su tiempo que -a la vez- encarna lo mejor de Estados Unidos mientras aspira a transformarlo.

Barack Obama, emisario de una nueva generación y de un nuevo país. El vocero de décadas de lucha para construir una sociedad más equitativa y menos injusta.

El mensajero de los que rehusaron someterse calladamente ante el odio y la opresión y el racismo. Obama carga el estandarte de Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt y Martin Luther King, quienes llevaron a Estados Unidos a un mejor lugar.

Como lo argumenta la revista The New Yorker al endosar su candidatura: "La elección de Obama -un hombre de etnicidad mixta, a la vez confortable en el mundo y totalmente representativo de la América del siglo XXI- lograría, de un solo golpe, revertir nuestra imagen en el extranjero y refrescar el espíritu en casa (...) Su ascendencia a la Presidencia no podría sino decir algo esperanzador, casi estimulante sobre el país, su inclusividad, su fidelidad, después de todo, a los valores que proclama en los libros de texto".

Barack Obama, un hombre poco propenso al drama, a la denostación del adversario, a la polarización política, a la estrategia del "divide y vencerás".

Un hombre de convicciones liberales pero posturas poco ideológicas. Un hombre que combina el idealismo inspirador con el pragmatismo implacable. Un hombre, como lo sugiere Charles Krauthammer, columnista del Washington Post, "con un intelecto de primera clase y un temperamento de primera clase".

Un hombre que aspira a sanar y a sumar en vez de confrontar y dividir.

Adepto a la planeación, adicto a la disciplina, atento a las innovaciones tecnológicas, astuto en cuanto a la organización de su campaña.

Obama es reflejo fiel de una era en la cual millones de estadounidenses exigen el fin del "politics as usual", condenan la política de odios tribales, critican la brecha que existe entre la magnitud de los retos y la pequeñez del liderazgo, desdeñan esa zona muerta que es Washington hoy.

Por ello logra armar una coalición inusual, una coalición ganadora.

Una base electoral compuesta por las clases profesionales, educadas, creativas, cosmopolitas, suburbanas, en ascenso.

Una coalición en la que los latinos y los africano-americanos juegan un papel sin precedentes.

Una alianza que incluye también -aunque de manera parcial- a la clase blanca trabajadora, atemorizada ante la crisis económica.

Una nueva coalición demócrata basada no en la identidad religiosa o la etnicidad o la confrontación cultural, sino en la promesa de un crecimiento renovado.

Obama ofrece la revitalización del "sueño americano", basada en la visión de un país multiétnico, incluyente, joven, donde alguien como él puede aspirar a la Oficina Oval y ocuparla.

Quienes piensan que Obama intentará emular a Bill Clinton -experto en la "triangulación" incrementalista- se equivocan.

Sus ambiciones son más grandes; sus metas son más amplias.

Barack Obama aspira a ser el Ronald Reagan de la izquierda.

Un líder transformador, capaz de inventar una narrativa durable con la cual realinear al electorado.

Un líder parteaguas, capaz de producir un nuevo paradigma sobre el papel del gobierno y la naturaleza de su intervención.

Si los años de Reagan fueron de "trickle-down economics", los años de Obama producirán un esfuerzo por construir la economía de abajo hacia arriba.

Si la revolución reaganiana llevó a la desregulación gubernamental, la revolución de Obama entrañará la re-regulación en favor de un nuevo modelo económico: menos basado en el petróleo y más en la energía alternativa; menos basado en los recortes de impuestos a los ricos y más en maneras de impulsar a la clase media.

No rechazará al mercado, pero insistirá en que funcione para la mayoría.

No verá al gobierno como causa de los problemas, sino como catalizador para resolverlos.

Y sus prioridades serán claras: estabilizar el sistema financiero; reposicionar a Estados Unidos como miembro de una coalición internacional constructiva; usar al gobierno para modernizar la infraestructura, reformar el sistema educativo, reconstruir el sistema de salud.

Como él mismo lo ha reconocido, no será un Presidente perfecto y se enfrentará a obstáculos muy grandes. Obama tiene una visión activista del gobierno en un momento en el que la situación fiscal de Estados Unidos se ha deteriorado dramáticamente.

¿Con qué pagará los cambios que promete impulsar? Obama estará al frente de un gobierno dominado por mayorías demócratas que quizás querrán promover una agenda distinta a la suya. ¿Cómo domesticará a los más liberales de su propio partido? Obama ganará la elección, pero la mitad del país lo mirará con desconfianza. ¿Cómo desactivará a la oposición que augura su fracaso?

Ante esas preguntas, Obama sin duda respondería que ha llegado el momento de apostarle a la "audacia de la esperanza". Que ha llegado la hora de comprender que aquello que une a los estadounidenses es más grande que aquello que los separa.

Que es posible cambiar la calidad de la política y la vida cívica en nombre de un objetivo común. Que el debate público debe girar en torno a cómo resolver problemas y no sólo ganar argumentos. Y quizás invitaría a los escépticos a hacer algo que él hace cuando empieza a flaquear su fe: correr por el Mall de Washington, donde Martin Luther King soñó con vivir en un país donde los hombres fueran juzgados no por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.

Y donde están grabadas en piedra las palabras de Abraham Lincoln: "nuestros padres forjaron en este continente, una nueva nación, concebida en libertad, y dedicada a la propuesta de que todos los hombres son creados iguales".
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MensajeTema: MARIZA   Sáb Feb 14, 2009 9:43 pm

Victoria de Obama
Por Sergio Sarmiento

"El triunfo es el mayor orador del mundo".

Napoleón Bonaparte


No hay muchas dudas acerca de quién ganará la elección presidencial de hoy en Estados Unidos. El demócrata Barack Obama tiene una cómoda ventaja en todas las encuestas. Aun si consideramos las peculiaridades del sistema electoral estadounidense, cuyo colegio electoral llevó en el 2000 al triunfo de George W. Bush a pesar de que Al Gore obtuvo un mayor número de sufragios, es difícil imaginar un escenario en que Obama pudiera perder la elección. Millones de estadounidenses tendrían que abstenerse de acudir a las urnas en un gesto de exceso de confianza para que el republicano John McCain se alzara con el triunfo.

La campaña comenzó centrada en el tema de la guerra de Iraq, pero hoy se ha volcado de manera obsesiva a la economía. Nunca el partido en el poder ha mantenido la Casa Blanca en un año de recesión. Con el desplome de los mercados y la contracción de la economía estadounidense sería muy difícil que esta ocasión fuera una excepción.

El patriotismo y la religiosidad de Bush le ganaron una cómoda reelección en 2004 -frente a un aristocrático John Kerry- en un país en que el nacionalismo y la religión son elementos de confianza entre la población. Pero el desastre económico ha sido de tal magnitud que ha hecho que se desplome el respaldo político de Bush, quien actualmente tiene una desaprobación de 71 por ciento, el índice más negativo en décadas para cualquier presidente estadounidense. Aun cuando McCain no ha sido particularmente cercano a Bush, la influencia negativa del Presidente ha sido notable. Es muy significativo que por primera vez desde que yo tengo memoria el Presidente no se ha presentado a ningún acto de campaña de algún candidato del Partido Republicano.

Después de una amarga lucha contra la maquinaria política de la familia Clinton para obtener la candidatura del Partido Democrático, Obama ha empezado en las últimas semanas a aprovechar el legado de Bill Clinton, cuyo gobierno eficiente y bien administrado contrasta con el desastre de la era Bush. Los años de Clinton fueron de crecimiento económico y concluyeron con un superávit fiscal que disminuía la deuda pública, algo que muchos conservadores, que tradicionalmente votan por los republicanos, entienden muy bien. En cambio los años de Bush han sido de un gasto público desordenado y deficitario que ha llevado al actual desastre financiero.

La elección de este martes 4 de noviembre se está llevando a cabo después del peor mes en los mercados financieros desde agosto de 1998. Los estadounidenses han revisado sus estados de cuenta de inversiones y se han percatado de lo mucho que han perdido. La tinta roja no se limita a quienes invierten en Bolsa. También quienes tienen fondos de inversión y de pensiones están encontrando pérdidas en sus estados de cuenta. Y la experiencia nos dice que no hay votante más inconforme que el que ha perdido dinero por las acciones irresponsables de un gobierno.

¿Significará la elección de Obama a la Casa Blanca un cambio en la actual crisis financiera? Por extraño que parezca, en un país en que las instituciones y los intereses hacen difícil que un Presidente pueda cambiar radicalmente el rumbo del país, hoy esto sí podría ocurrir. Hay indicios de que los mercados ya han tocado fondo. Independientemente de que la recesión en Estados Unidos apenas está empezando, el colapso de los precios de las acciones y de otros valores ha sido tan brutal que ha descontado ya los posibles efectos de una recesión. Un nuevo Presidente, especialmente después de la desastrosa Presidencia de George W. Bush, generaría confianza en un país en el que se empieza a comprender que el problema financiero actual es producto de las malas políticas del gobierno y de la Reserva Federal.

Algunos grupos manifiestan preocupación acerca de las estrategias que pudiera impulsar Obama como Presidente. Inquietan, sin duda, sus declaraciones iniciales de que buscaría renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Pero, conforme avanza el tiempo, es cada vez más evidente que estas declaraciones fueron hechas para obtener el apoyo de los sindicatos en la campaña interna por la nominación del Partido Democrático y no llevarán necesariamente a un cambio de política comercial. Clinton también se opuso al TLCAN en su precampaña de 1992, pero terminó firmando el acuerdo.

Hay quien piensa que los estadounidenses se negarán, al final, a votar por un negro (o más bien mulato). Pero si bien algunos votantes se abstendrán de votar por Obama sólo por el color de su piel, se trata de personas que de cualquier manera habrían sufragado por el candidato republicano. En contraste, Obama obtendrá una virtual unanimidad de los votantes negros.

El triunfo de Obama está casi asegurado. Lo importante ahora no es adivinar el resultado sino medir cuáles serán las consecuencias de la victoria.



Sin censura


Ha sido un gozo democrático ver la vibrante campaña electoral en Estados Unidos. Todos los candidatos y grupos de la sociedad han expresado sin censura sus puntos de vista. En contraste, aquí en México los partidos se han otorgado a sí mismos el monopolio de la expresión política y han prohibido los cuestionamientos a candidatos y partidos en tiempos contratados en los medios.
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